Alturas
Aquella fobia que al
Hombre de piedra y hierro rompe
Quiebra, sugestiona
Hasta entristecer al alma perceptiva
De aquel que observa
La decadencia, la sublime caída
De aquellos que temen
Se rehúsan
A
volar
Hasta la luna
Queso del cielo
Luz fermentada
De aquella figura
Que todo lo ve
O nada encuentra
Ya que sus ojos
No
existen
Sonido salado
Que a todo sabor das, acentúas
Pero sin nunca contaminar
La
verdad
Ni la sinceridad de aquel
Que con sus puertas de cristal
Encuentra
El viaje al todo
O el descanso a la
Nada
Oscura pero inocente
Ya que de culpables
Se abastece
Y a los justos perdona
Soltando a los inculpados
Liberándolos de sus
Alcatraces
De hielo, absorbente
Putrefacto
De comer tantas memorias
De cosas que son olvidadas
Por las almas desinteresadas
Por sus propios intereses
Que revolucionan
Sin cambiar
La oscuridad que
De ellos se alimenta.
Crece, deforme
Desconforme con su
Falacia existencial
Decidiendo en inacciones
No existir
Ni relevar en esos
Mares
Aguas en las que nadan
Los recuerdos
Más olvidados
De la
isla
En la bahía de
Todos o
Nadie
Porque ya no les importa.
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